Para el año 2025, la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI) fijó el salario mínimo general en $278.80 diarios, mientras que para la Zona Libre de la Frontera Norte (ZLFN) el mínimo quedó en $419.88 diarios.
Este reajuste obedeció a una combinación de factores: inflación, dinámica económica, y una estrategia de política social orientada a recuperar el poder adquisitivo.
Estos valores son la base sobre la cual hoy —a finales de 2025— se debate qué tanto podría aumentar el salario mínimo en 2026.
Voces en el debate: de propuestas moderadas a reclamos ambiciosos
En este momento del año ya hay múltiples escenarios sobre la mesa, con distintos actores empujando por cifras muy diversas.
- Por un lado, varios analistas coinciden en que un incremento del 11–12% sería factible y congruente con la trayectoria reciente. Eso ubicaría el salario mínimo general de 2026 en un rango cercano a $309.50 – 312.20 diarios.
- Ese es precisamente el rango que la administración del Claudia Sheinbaum ha señalado como su intención para el año entrante.
- Sin embargo —y al mismo tiempo— las organizaciones sindicales han planteado cifras mucho más altas. Una propuesta ampliamente difundida habla de un alza del 30.6%, lo que llevaría el mínimo general a unos $362.34 diarios.
- También existe una vía intermedia: algunos actores proponen un aumento del orden del 20%, con lo que el salario podría situarse alrededor de los $334.56 diarios.
Estas distintas posturas reflejan lo diverso del contexto social y económico, y el peso relativo de quienes buscan defender el poder adquisitivo frente a quienes advierten sobre riesgos inflacionarios o de empleo.
Los criterios que marcarán la decisión
Decidir cuánto aumentará el salario en 2026 no será un simple acto aritmético: Implica balancear múltiples factores. Entre los más relevantes:
- Inflación y poder adquisitivo: Por ley, cualquier aumento debe procurar que el salario mínimo no pierda valor real. La idea de que sea suficiente para cubrir necesidades básicas —y acercarse a lo que representa la canasta básica— sigue siendo un argumento central.
- Impacto macroeconómico: Expertos han advertido que un alza demasiado fuerte podría presionar los precios de bienes y servicios, lo que a su vez complicaría el objetivo de preservar poder adquisitivo; además, podría impactar la capacidad de algunas empresas de absorber el costo.
- Capacidad de negociación tripartita: La decisión final dependerá del consenso entre gobierno, representantes de trabajadores y del sector empresarial —es decir, deberá haber un acuerdo que equilibre expectativas sociales y sostenibilidad económica.
- Objetivo de largo plazo: El gobierno ha declarado su meta de que, en 2030, el salario mínimo alcance el equivalente de 2.5 canastas básicas. Esto implica aumentos periódicos y sostenidos durante los próximos años.
Escenarios plausibles para 2026 y sus implicaciones
Si las discusiones concluyen pronto y se concreta un acuerdo —o cercanamente— estos son los escenarios que podrían materializarse:
- Escenario conservador / moderado: aumento de ~11–12% → salario mínimo general de ~ $310-312 diarios. Proporciona un ajuste razonable, ayuda a preservar algo de poder adquisitivo, con menor riesgo inflacionario.
- Escenario intermedio: aumento del orden de 20 % → salario mínimo general cercano a ~ $334-335 diarios. Ofrece una recuperación más significativa, ideal para trabajadores y familias con ingresos bajos o medios.
- Escenario ambicioso: aumento de ~30.6 % → salario mínimo general ~ $362 diarios. Sería una de las correcciones más agresivas en años recientes, con gran impacto social, aunque con retos importantes en costos y posible presión inflacionaria.
La diferencia entre cada escenario se traduce en capacidad de compra, estabilidad para familias, pero también en carga para empleadores, especialmente pequeñas y medianas empresas.
¿Hacia dónde soplan los vientos?
Hoy parece que el camino más probable será un aumento moderado o intermedio: un 11–12% —o quizá algo más cercano al 16–20 % si se considera la presión sindical— parece ser el punto de convergencia más viable, dadas las condiciones económicas y la necesidad de equilibrio. Pero nada está definido todavía: la decisión final dependerá del diálogo tripartito que debe concretarse en las próximas semanas.
Si se decanta por la opción ambiciosa —los más altos reclamos—, el efecto podría ser transformador para miles de trabajadores. Y si se opta por algo conservador, podría mantenerse una trayectoria gradual, aunque quizá insuficiente para lograr mejoras estructurales.
Lo único cierto por ahora es que el proceso de fijación del salario mínimo en 2026 será una prueba de equilibrio entre justicia social, sostenibilidad económica y objetivos de largo plazo.
Fuente: Fiscalia.com
