Noticias

Siguienos en FaceBook

El derecho de amortizar pérdidas fiscales de ejercicios anteriores, en la determinación de los pagos provisionales, no limita a su aplicación en el ISR del ejercicio.

En apego al artículo 57 de la LISR, la pérdida fiscal de un ejercicio resulta cuando las deducciones autorizadas son mayores que los ingresos acumulables. Este resultado se incrementará, en su caso, con la participación de los trabajadores en las utilidades de las empresas, pagada en el ejercicio.

Dicha pérdida se puede disminuir de la utilidad fiscal de los 10 ejercicios siguientes hasta agotarla, y cuando en un ejercicio no se disminuya, pudiendo haberlo hecho, se perderá el derecho a realizarlo en los ejercicios posteriores y hasta por la cantidad en la que pudo haberlo efectuado.

El procedimiento para disminuir la pérdida fiscal en el cálculo de los pagos provisionales del ISR, se regula en el numeral 14, fracción  II, inciso c) de la LISR, en donde se prevé que de la utilidad fiscal determinada, se disminuirán entre otros conceptos, con la pérdida fiscal de ejercicios anteriores pendiente de amortizar, sin perjuicio de restarla de la utilidad fiscal del ejercicio.

Por su parte, el ordenamiento  9o., fracciones, I y II de la misma ley, establece que para calcular el resultado fiscal, a la utilidad fiscal del ejercicio se le disminuirán, en su caso, las pérdidas fiscales pendientes de aplicar de ejercicios anteriores.

De lo anterior, se desprende que las pérdidas de ejercicios anteriores, se pueden aplicar en la utilidad fiscal base para calcular los pagos provisionales, sin perjuicio de disminuirlas en la determinación del resultado fiscal del ejercicio; esto es, la afectación que se aplique en los primeros, no impactará al tratamiento que se aplique en el impuesto del ejercicio.

En este esquema, es común que entre la determinación de los pagos provisionales y el impuesto del ejercicio, en la amortización de las referidas pérdidas fiscales se apliquen montos diferenciados; incluso que solo se apliquen en los citados pagos provisionales y en los casos en que en la determinación del gravamen del ejercicio resulte también una pérdida fiscal.

Esto, sin desestimar que es una obligación tributaria calcular pagos provisionales y que estos se deben enterar considerando los ingresos de operación, y que estos no se suplen con la presentación del impuesto del ejercicio.

Para obtener el impuesto definitivo a pagar, se consideran los adelantos pagados en dichos provisionales, lo cual se induce al interpretar que al término del ejercicio solo se calcula un solo gravamen  y es el del ejercicio, situación jurídica que coincide con la tesis de jurisprudencia del Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de rubro: RENTA. SOCIEDADES MERCANTILES. OBJETO Y MOMENTO EN QUE SE GENERA EL IMPUESTO visible en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta. Novena Época. Tomo IV, jurisprudencia P./J. 52/96. Materia administrativa,  octubre de 1996; pág. 101, Registro 200034.

En los supuestos que se amorticen pérdidas fiscales en pagos provisionales en importes mayores a los que se consideren en el ejercicio, no puede considerarse que se aplican dos montos diferentes y que deban acumularse para afectar el saldo de la pérdida de ejercicios anteriores; en todo caso, debe entenderse a la disminución que se aplique en la determinación del impuesto del ejercicio, pues la contribución se causa, precisamente por ejercicios; incluso, si en este último no se disminuye, el efecto jurídico de la aplicación en pagos provisionales, no tendría impacto en saldo de las pérdidas de ejercicios anteriores, pues se estaría dañando la esfera jurídica de la capacidad de contribución de contribuyente.

Esto es así, pues aun cuando el espíritu de efectuar los pagos provisionales, es gravar los ingresos desde el momento en que se perciben, en la determinación del gravamen del ejercicio se cuantifica si se produjeron ganancias, como la de medir la capacidad de generar riqueza, situación jurídica que coincide con la proporcionalidad de las contribuciones que prevé el artículo  31, fracción  IV de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Así, las pérdidas fiscales de ejercicios anteriores que se amorticen en pagos provisionales, solo afectarán al saldo de las mismas, cuándo y por el monto que se disminuya en la determinación del impuesto del ejercicio contra las utilidades fiscales, porque por disposición expresa del citado numeral 14 de la LISR, dichas pérdidas se restarán en las declaraciones de los pagos provisionales, sin perjuicio de realizarlo en el multicitado cálculo del impuesto del ejercicio.

Fuente: IDConline.mx

Actualmente, los medios de comunicación señalan que el COVID-19 es una enfermedad de trabajo, como resultado del acuerdo número ACDO.AS2.HCT.151220/340.P.DPES publicado por el IMSS en el DOF el 08 de enero de 2021, el cual dice lo siguiente:

  “ Se autoriza a la Dirección de Prestaciones Económicas y Sociales, implementar la estrategia de dictaminación proactiva como riesgo de trabajo de los trabajadores de empresas afiliadas fallecidos o con secuelas debido a que padecieron formas graves de Covid-19, durante el periodo de contingencia. La estrategia deberá realizarse hasta que concluya la emergencia sanitaria declarada por el Consejo de Salubridad General, mediante Acuerdo publicado en el Diario Oficial de la Federación el 30 de marzo de 2020”

 Ello es relevante para las compañías porque esta situación representa un incremento en la prima de Seguro de Riesgo de Trabajo (SRT), y por ende, un aumento en el pago de las cuotas patronales, en medio de la crisis económica que atraviesa el país, derivada de la pandemia del SARS-Cov-2.

 A continuación se comparten las experiencias obtenidas en casos reales de ¿cómo se está aplicando esta estrategia de dictaminación proactiva por parte del IMSS?, y se realizan algunas precisiones para contestar al Instituto, con el fin de que el padecimiento no se califique como enfermedad profesional.

 El Seguro Social plantea las siguientes interrogantes para obtener los criterios y así poder determinar si el contagio por Coronavirus se califica como riesgo de trabajo:

  • informar si el trabajador ha tenido contacto con compañeros con síntomas o diagnosticado de COVID-19
  • indicar la fecha de inicio y el término del último periodo vacacional
  • anexar evidencia documental del registro de entradas y salidas del asegurado en el periodo de 14 días previos a la fecha del inicio de los síntomas del Coronavirus, y
  • describir las actividades del trabajador, así como las personas que atiende o con quienes tiene contacto en su jornada labora

. .  (Foto: IDC)

Se sugiere contestar siempre con la verdad y nunca dar respuestas falsas en asuntos de esta índole, porque el IMSS puede determinar que se está encubriendo un riesgo de trabajo, y proporcionar elementos sustanciales para determinar la responsabilidad patronal o poder deslindarla (art. 52, LSS).

 Si el empresario advierte que el contagio por Coronavirus no debe ser considerado como riesgo profesional, debe contestar al IMSS lo siguiente:

  • el colaborador no tuvo contacto con compañeros con síntomas o diagnosticados con Coronavirus. De ser posible, mencionar que el trabajador (según su propio testimonio) se enfermó en tal o cual lugar; además, indicar que no existió un brote de COVID-19 entre los compañeros que frecuenta, entendiéndose como tal cuando dos o más subordinados cumplen con la definición operacional de caso sospechoso o confirmado de SARS-Cov-2 durante los últimos 14 días en una misma área de trabajo
  • según el caso, señalar las fechas del periodo vacacional de los asegurados, así como el registro de entrada y salida del empleado en los 14 días previos al inicio de los síntomas del Coronavirus y adjuntar la evidencia documental respectiva, y
  • especificar claramente las actividades y servicios que brinde el subordinado, lo cual es determinante para ver si aquel está expuesto a un nivel muy alto a la enfermedad por COVID-19

Como se observa, la calificación del COVID-19 podría incrementar la recaudación del IMSS, por lo tanto, todo patrón debe de hacerse esta pregunta, ¿en qué momento ocurrió el contagio?

 

Si la transmisión está debidamente identificada (casa, fiesta, reunión, calle, etcétera), se puede indicar —sin ningún problema— que el subordinado conoce dónde se contagió o incluso quién lo contagio; de ahí que las empresas tienen que ser lo bastante certeras en este sentido para descartar la enfermedad de trabajo.

 Supuestos que sí son enfermedad de trabajo

 De acuerdo con el numeral 513 punto 136 de la LFT, la Virosis (hepatitis, enterovirosis, rabia, psitacosis, neumonías a virus, mononucleosis infecciosa, poliomielitis y otras).

 El IMSS clasifica como tal al COVID-19, en eso tiene razón, pero el grupo laboral que le aplican dichas afecciones y debe catalogarse obligatoriamente como enfermedad de trabajo es a  los médicos, enfermeras y personal de limpieza en hospitales y sanatorios, personal de laboratorio y análisis clínicos, personal de bancos de sangre, sí pueden calificarles el padecimiento como laboral, siempre que se identifique el agente causal en el paciente y en el sitio de trabajo.

 Por lo tanto, lo que el Instituto llama “nivel de riesgo de exposición muy alto” se refiere invariablemente a ese grupo de subordinados, los cuales si se enferman de Coronavirus es porque están expuestos a pacientes plenamente identificados con esta afección, en este supuesto y solo en este se considera enfermedad de trabajo.

 Si bien es cierto que el Seguro Social publicó la estrategia de dictaminación proactiva como riesgo de trabajo de los trabajadores de empresas afiliadas fallecidos o con secuelas debido a que padecieron formas graves de COVID-19, tendrían que modificar el artículo mencionado y esa facultad no le corresponde al IMSS.

 Por ello, aunque existan otros tres niveles de exposición al riesgo es un error tratar de calificar el SARS-Cov-2 como enfermedad de trabajo, ya que en estos niveles estamos hablando de sectores de empleados que no son del ramo médico; por lo tanto, el contagio es un factor que en caso de darse no ocurrió por el servicio que desempeña el colaborador o por la actividad que desarrolla la empresa; es decir, el contagio se da por un factor externo (un trabajador que llegó enfermo al centro laboral y contagió a los demás), con ello rompemos la relación causa-efecto y trabajo-daño que la autoridad pretende aplicar.

 

Fuente: IDConline.mx
C.P. Hugo Juárez Hernández

 

Síguenos

Contacto

© 2020 Astiazarán Santillán, S.C.
Desarrollo web por MasWeb.com en Tijuana